HISTORIAS DE TERROR

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Bajas interminables de trabajadores que no están obligados a comunicar el motivo de las mismas ni la duración de éstas, lo que además de dificultar la labor del día al día crea problemas para contratar personal de reemplazo, subidas del género que no pueden aplicarse en los precios de platos, pintxos o menús bajo riesgo de ir perdiendo la poca clientela fiel que queda, proliferación de franquicias y grupos inversores que tergiversan la oferta y entran en guerras de precios, falta de personal cualificado para atender barras, comedores y cocinas, deudas acumuladas de la pandemia debido a las “ayudas” recibidas que en muchos casos no fueron realmente ayudas sino créditos que por ventajosos que fueran deben ser pagados, aumento de los impuestos y tasas, cambio de hábitos generalizado, crisis de consumo que afecta a las salidas del hogar y, por ende, a las comidas fuera de casa... hablar con los hosteleros es estar escuchando continuamente historias, pero lo que eran historias curiosas, anécdotas, chascarrillos... se han convertido en historias de terror. 

Aunque la sensación generalizada es que tenemos una hostelería que no deja de trabajar, la realidad es muy otra. Los restaurantes parecen llenos porque solo salimos a comer el fin de semana y los saturamos, pero el resto de la semana están mirando a las musarañas. Las terrazas dan una sensación de trabajo y movimiento pero los interiores de los bares están muchas veces vacíos. El ticket medio ha caído estrepitosamente y la gente, además, se ha vuelto mucho más exigente y sensible tirando de móvil, queja o libro de reclamaciones por un quítame allá unas pajas. 

Todo son dificultades para el modelo hostelero tradicional y familiar que hemos conocido durante el último siglo y a las franquicias, multinacionales y grupos buitre se les pone puente de plata. Y los inminentes planes de zonas de bajas emisiones sumados a los nuevos convenios, respetables y necesarios pero dificultosos para pequeños bares no hacen sino oscurecer más el panorama. 

El año al que damos la bienvenida y que cerrará el primer cuarto de este siglo que se nos ha ido entre sustos clarificará y, contradictoriamente, oscurecerá aún más este panorama. Habrá brotes en el cemento y gente que sabrá buscar su tamaño y adecuarse a sus posibilidades pero el panorama pinta un tanto sombrío. 

En cualquier caso, brindemos y alegrémonos de estar todavía aquí, olvidémonos por unos días de nuestros males y demos la bienvenida al nuevo año al que ya tendremos tiempo de sacar los dientes... no todo va a ser llorar, no?

 

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josema 6336

  

 

ESTUPIDO CONCIENZUDO


JOSEMA AZPEITIA
Coordinador de Ondojan.com