Recuerdo que en 2017, con la excusa de celebrar su 15º Aniversario, el Grupo Vocento invitó durante varias semanas a escribir en sus páginas a directores y periodistas importantes de otros medios ajenos al grupo. Así, gente como Juan Luis Cebríán y otras importantes firmas de la “competencia” del grupo comunicativo se asomaban a sus páginias en una iniciativa que se definió como “un proyecto que perseguía el objetivo de reivindicar las virtudes del mejor periodismo”.
Leí atentamente varios de los artículos publicados durante aquellas semanas y no necesité más que dos o tres de ellos para darme cuenta de que había un hilo conductor prácticamente idéntico en todos. Ya fuera representante de un medio de derechas o de supuesta izquierda, el director o redactor jefe invitado se dedicaba a felicitar a Vocento, cantar las virtudes de la prensa escrita y demonizar las redes sociales de manera feroz poniéndolas como ejemplo de lo contrario a lo que ellos, adalides de la libertad de expresión y la objetividad, defendían. Estaba claro que la irrupción de Facebook, Twitter, Youtube... estaba haciendo temblar a los que hasta entonces habían llevado la batuta de la información de manera prácticamente exclusiva beneficiándose del pastel publicitario y todas las ayudas y subvenciones, públicas y escondidas, que recibían de Gobiernos e instituciones varias.
7 años después, para mi sorpresa, los medios convencionales no solo no critican a las redes sino que se valen de ellas para llenar las páginas, físicas y digitales, de periódicos que cada vez venden menos en formato físico y apenas tienen suscriptores de pago en sus versiones digitales. Así, cabeceras “serias” como El Correo o El Diario Vasco dan rango de noticia a las salidas de tono de instagramers, youtubers y demás fauna del ciberespacio cual si los líderes de dichas plataformas fueran referencias sociales, culturales o gastronómicas.
La polémica creada y alimentada por El Correo con la visita de un conocido instagramer al restaurante Casa Garras que no hubiera pasado de una anécdota y que fue convertida, gracias al decano de la prensa bilbaína, en un debate de masas, muestra el terreno en el que nos movemos: la prensa tradicional acepta polémicas y videos elaborados por ignorantes supinos como base para crear audiencia sin mirar el perjuicio que esta estrategia pueda causar a los establecimientos afectados. Todo vale con tal de conseguir clicks y visualizaciones. La foto superior corresponde, asimismo, a una simple visita de dos de estos personajes a un restaurante llena de comentarios machistas y prepotentes que La Voz de Galicia ha convertido, igualmente, en noticia de interés general... ¿Qué nivel alcanzará la mierda que nos están haciendo tragar los que iban de guardianes de las esencias informativas?

ESTUPIDO CONCIENZUDO
JOSEMA AZPEITIA
Coordinador de Ondojan.com