LA CAZA, EN EL PUNTO DE MIRA
En este mundo que nos están metiendo con calzador, nos despistan con Zonas de Bajas Emisiones y legislaciones medioambientales mientras la producción de baterías para los móviles y los coches eléctricos y la inundación de plástico y envases a la que nos somete el modelo de Grandes Superficies y venta a domicilio al que nos llevan como borregos está creando problemas de contaminación sobre los que no se nos informa y que tendrán graves consecuencias en un futuro no tan lejano.
Dentro de esa estrategia para tontos, ese “mira para allí mientras te la meto por allá”, la caza es una de las cabezas de turco. La práctica cinegética está cada vez más demonizada tanto desde el punto de vista ecologista como desde el animalista. Y mientras los cazadores y los pequeños distribuidores de los productos de la caza lo tienen cada vez más complicado para llevar a cabo su actividad debido a las normativas e impuestos que deben acometer, los estados y gobiernos ponen puente de plata a la ganadería intensiva, a la creación de mataderos industriales y al asentamiento de las mencionadas grandes superficies y la instalación tanto en ellas como en el centro de nuestras ciudades de modelos gastronómicos centrados en la carne en general y las hamburguesas en particular. En un mundo en el que cada vez hay más mascotas a las que se conceden más derechos que a nuestros congéneres más necesitados es una aberración matar un faisán con fines gastronómicos pero está bien visto comer en un sarao de estética americana hamburguesas de vaca procedente de Alemania, Texas o Japón.
En medio de este sinsentido, cobran todavía más importancia encuentros como el que se celebró este mes de noviembre en Almagro (ver págs 4-7) en el que cocineros, médicos, periodistas y gastrónomos debatieron sobre la caza y su aplicación a la gastronomía. Contra la tendencia social, impuesta y carente de argumentos y coherencia, la caza vive un buen momento en el panorama culinario contando con la complicidad de algunos de los chefs más importantes del mundo que la ven como una fuente de sabor, calidad alimentaria y potencial creativo.
Es necesario popularizar la caza en la gastronomía y que ésta no se limite a los grandes restaurantes. Y lo es no sólo para enfrentarnos a esta globalización que cada día nos hace más iguales y menos cultos, sino para evitar también que su defensa sea capitalizada por tendencias políticas que se dicen populares y que lo único que buscan es hacernos involucionar social y culturalmente.

ESTUPIDO CONCIENZUDO
JOSEMA AZPEITIA
Coordinador de Ondojan.com






